martes, 30 de octubre de 2007

El amor imposible.

No podía dormir aquella noche, el temor a perderla de nuevo, atenazaba su corazón; se había enamorado hasta los huesos de la mujer que dormía al lado suyo aquella noche y temía que volviera a escapar por la mañana, como siempre hacía...
Tras salir de la cama, encendió un cigarrillo y sentado en una de las sillas del dormitorio frente a la cama, la observó, dormida y dulce como un ada pero capaz de encender a cualquier hombre. Lo que más le gustaba era su pelo negro y corto, como un hombre, sedoso y suave como ella.
Se conocieron en la Escuela Superior de Informática de la Quinta Flota. Los dos entraron el mismo año, y en seguida conectaron, haciendo amistad muy rápido... y de la amistad al deseo.
El humo del tabaco salió de su boca desordenado, dirigiéndose hacia la gran ventana que daba al espacio vacío y frío del otro lado del cristal; desde su silla, él lo siguió con la mirada y miró después más allá de la ventana, hacia el infinito, deseando encontrar un planeta inexplorado donde escapar con ella y vivir juntos hasta el resto de sus días... él dejaría su cargo de jefe informático de la Flota Roja, y su puesto en el batallón New York para vivir su amor con la única mujer que hacía estremecer todo su cuerpo y su alma.
Cuando no estaba con ella, la odiaba, la odiaba a muerte, pues sabía que no pasaba las noches solas; ella nunca pasaba las noches sola, pensando en alguien y llorando porque el amor de su vida no estaba junto a ella. La mujer que estaba dormida en su cama era fría y calculadora, nunca había sentido el sarpullido del amor, pero sí el de la pasión entre un hombre y una mujer... y eso era todo lo que buscaba en él, un amigo donde agarrarse cuando las cosas venían mal o solo quería sexo. Él había aceptado el contrato de su cuerpo, y ya no podía quejarse.
Hacía diez años que se conocían y cuatro que se acostaban, al principio era para los dos solo sexo, un sexo apasionado y abierto, pero con el paso del tiempo, ella se fue abriendo, mostrándole su personalidad, y él la llegó a conocer mejor que a sí mismo, enamorándose de ella a sabiendas que nunca sería correspondido, lo asumió y decidió seguir con la relación... ella se había convertido en su sangre.
-Luis- le llamó ella con los ojos medio cerrados desde la cama- ¿Qué haces?
-Mirar a un ángel- respondió él riendo y apagando el cigarrillo.
-¡Otra vez estas con esa mierda!- exclamó la bella durmiente sentada ya en la cama al ver al joven apagar el cigarrillo- sabes que si no lo dejas, te tendrán que regenerar los pulmones, y aun así sigues fumando.
-Si me das un beso me pondré bien- susurró él tras subir a la cama y gateando situarse al lado de su amada, que se rió y entrecerró los ojos.
-Tenemos que terminar el programa del ativirus para los cazas- dijo al fin la chica muy seria.
-Aashish Gibert- estamos en la cama, adoremos el sitio donde estamos y hagamos el amor hasta caer rendidos- dijo él colocando sus manos en los senos de ella.
-Luis ledlo- respondió ella de nuevo riendo- son ya las seis de la mañana- y muy despacio retiró las manos de sus pechos y se levantó de la cama- aunque tu seas el jefe del departamento de informática de esta flota y yo tu primer ayudante, debemos de guardar las formas.
Luis la siguió por toda la habitación mientras ella recogía su ropa esparcida por todo el suelo, no le quitó ojo mientras se vestía, pues adoraba como lo hacía y adoraba su cuerpo, que aunque no era perfecto, tenía magia y sexualidad.
-Bueno, ¿Te vas a quedar mirándome?
-No, ¡Tengo que salvar de nuevo el futuro de la Flota Roja!- exclamó con apatía y gesticulando, entonces, salió de la cama y comenzó a vestirse- ¿Por qué te ríes?
-Me encanta como mueves ese culito- respondió ella todavía muerta de risa.
Las manos calientes y pequeñas de su amada se posaron en su trasero, provocándole un escalofrío encantador, pero se retiró rápidamente... se tenía que poner los vaqueros.
-Tu eres el hombre que me da más placer- sentenció ella ya vestida y apoyada en la puerta de la habitación.
-Entonces ¿Porqué no formalizamos nuestra relación?- preguntó él terminándose de colocar el chaleco blanco que tanto le gustaba y siguiéndola hasta el salón y luego hasta la puerta de la calle.
-Pues muy sencillo amor- respondió esta ya fuera de la casa de su amado- yo no te quiero.
-Eso da igual, que antigua eres- contestó él cerrando la puerta, y ya caminando por el pasillo camino del ascensor- esas cosas del amor son arcaicas, se perdieron cuando nuestros antepasados dejaron la tierra.
Ella no le miraba ni prestaba atención, tenía toda su atención dos plantas más abajo; sus ojos habían localizado, al otro lado del patio que dividía las plantas en dos, a un morenazo espectacular, Luis se había percatado y le explicó quien era.
-Sería interesante conocerlo- advirtió ella cuando entraron en el ascensor junto con diez personas más, camino del sector tecnológico de la nave dormitorio donde se encontraban.
Luis se sonrió y puso su atención en los diez ascensores que en al otro lado del patio que dividía la planta, bajaban al mismo tiempo que el suyo y que los otros nueve de su lado; cada mañana alucinaba con la cantidad astronómica de gente que vivía en la Flota Roja.
Solo en la Flota Roja, había doscientas naves dormitorio, y en cada una de ellas, habitaban siente millones largos de personas... una locura para un campesino del planeta Oscuro.