jueves, 8 de noviembre de 2007

El CONDE

En su despacho, muy serio, leía todos los periódicos que su secretaria le había entregado aquel día, y en todos venía en primera página el asesinato del dueño de la gasística Gasilium Julian Millas, realizado el día anterior en el planeta Raina, hogar del muerto y de su jefe, al que verdaderamente había que temer... la paz conseguida hacía un mes, peligraba totalmente, y con ella, los planes del conde de intentar canalizar las energías en el proyecto que llevaba tiempo preparando.
Conocía bien a Jhon Yellow , y sabía que vengaría la muerte de su amigo, pues el comandante de la primera flota, podía presumir de ser un hombre de guerra y muy vengativo, tanto era así, que durante toda su carrera, se había ganado el sobrenombre del “asesino”, dado que cumplía a rajatabla todas las órdenes que le dictaban; un buen ejemplo, fue cuando el alto mando de la Guardia Imperial le ordenó que terminara con la resistencia nativa de su planeta natal, él obedeció aniquilando a la mayoría de los nativos no humanos del planeta... así era, y por eso le temía en demasía.
La noticia de la muerte de Millas, hizo que el conde movilizara a la Guardia Imperial, o mejor dicho, a lo que quedaba de ella, unos cuatrocientos mil hombres y mujeres adiestrados para el combate, temidos por todas las flotas. Esta guardia ya no era lo que fue, pues con la separación de las flotas, el imperio se desmoronó, y la guerra civil lo remató... ahora solo era el cuerpo militar de la Segunda Flota, de la cual era presidente el conde.
Se asomó a la gran ventana de su camarote, en lo más alto de la nave nodriza de la Segunda Flota para despejarse, un ejercicio que le relajaba en gran medida... allí de pie, solo en su gran despacho, donde concedía entrevistas y promulgaba leyes que pasaban bien el filtro del parlamento de su flota, pues había conseguido asegurar su puesto indefinidamente y hacer valer su sangre noble, como correspondía al linaje al que pertenecía, dado que sus raíces retrocedían a los reyes terrestres del viejo continente.
El Conde Sevet, llamado abdul abdalá presidente de la segunda flota y de la confederación de comercio, jefe mayor de la guardia imperial, y presidente de la cámara galáctica, disfrutaba mirando por la gran ventana sus dominios; en primer plano estaban presente las naves de guerra, destructores, fortalezas, turboláseres, y portacazas, orbitando alrededor de las cinco naves administrativas, en un espectáculo impresionante imposible de comparar con nada; más allá, a su derecha, en el espacio profundo, algunas luces hacían presumir que las naves dormitorios y demás naves de servicios estaban en ese sector, donde vivían los civiles y se realizaba toda la vida de una de las seis flotas humanas... al conde, que había instalado su vivienda en la nave nodriza de la flota, le encantaba vagabundear entre las naves dormitorios, y hasta pasear dentro de ellas... de pequeño lo hacía muy a menudo, puesto que no era tan conocido como lo era ahora.
Su abuelo fue el último en defender al imperio humano en el antiguo parlamento imperial, y eso hizo que su familia alcanzara gran prestigio, luego, su padre y su madre lucharon a favor de la Segunda Flota, siendo grandes héroes en la guerra civil, consiguiendo incrementar su estatus; cuando Abdalá se incorporó a la lucha, era ya un chaval de veinte años, que con el tiempo, fue escalando posiciones en la clase política y militar.
Abdalá había conseguido lo que su familia anhelaba desde hacía siglos, ostentar el poder como lo que ellos creían que eran, los verdaderos reyes de la humanidad, dado que por sus venas, corría ciertamente la sangre de los soberanos de España, Reino Unido, Holanda y Jordanía. Para ello, había tenido que derribar muchos obstáculos e incluso infligir la ley, pero al fin, se había proclamado presidente vitalicio de la Segunda Flota, lo que era lo mismo que ser rey.Desde su despacho, y con la visión de las naves de guerra pasando a varios metros cerca del cristal, pensaba en todo su poder, y en su familia, en su mujer y sus cuatro hijos y dos hijas, los cuales heredarían todo lo conseguido por su padre... y era por ellos, por sus hijos por lo que tenía pensado todo lo que iba a hacer, sabía que era muy arriesgado, pero prefería poner en peligro a toda la humanidad si con ello, su familia salía bien parada... por eso, maldijo de nuevo al asesino que mató a Millas

jueves, 1 de noviembre de 2007

Ha muerto Julian Millas...

Jhon Yellow estaba abatido por la pena y la tristeza de haber perdido a un amigo de infancia, con el que había compartido toda una vida y con el que tenía grandes proyectos.
Aquella noche lluviosa, Yellow estaba sentado al pie de la cama del amigo muerto, pero ya no llorando, sino pensando a la vez que abatido, quien habría podido cometer tan vil asesinato, y como lo habrían montado, puesto que se encontraban en la casa de ambos, en el planeta que les vio nacer y que una vez en el poder, se convirtió en la sede de su poder una vez nombrado comandante de la Primera Flota, dado que todas las tropas de dicha flota se encontraban alrededor del planeta y en tierra, toda una super infraestructura militar y paramilitar que convertía al Planeta Raina, en la base militar más grande que hubo nunca.
Un tiro de bala había atravesado la cabeza de lado a lado entrando por la izquierda, haciendo caer a Julian Millas como si fuera un pajarito tocado por un halcón sediento de sangre.
Al tercer día de su estancia en el planeta, presenciando un desfile militar de tierra, aire y espacio, en la tercera terraza del gran palacio de la capital del planeta llamada Ahz, junto a Yellow y todos los demás mandos de la flota, Millas encontró la muerte; justo cuando su empresa se había convertido en la mayor suministradora de gas de toda la humanidad y su fortuna estaba ya al nivel de los grandes potentados de todas las flotas.
Yellow miraba sumido en la tristeza a las ventanas que daban a la calle de la gran casa del Fuerte Norte, preguntándose si en ese lugar estarían seguros él y lo que le quedaba de séquito, convenciéndose a sí mismo de que sí, dado que dicha instalación, aguantó durante años los ataques de los nativos en los años de la colonización. Se encontraban a diez kilómetros de Ahz, en un gran cerro, desde el cual, se podía divisar la urbe muy fácilmente.
Segundos después de la muerte de su segundo, cuatro de sus diez personas de su séquito, también encontraron la muerte gracias a una bomba biológica que solo afectó a los humanos con genes rainas, lo que confirmó que iban a por él... pero ¿Quién? ¿No se había firmado una tregua entre las flotas? ¿Serían sus opositores dentro de su flota? Dar respuestas a estas cuestiones sería fundamental , pues podría librar a los humanos de volver a pasar una nueva guerra civil, esta vez más cruel, puesto que había sido un atentado salvaje en medio de una muy trabajada paz.
Justo cuando más llovía, los forenses entraron en la habitación para llevarse a su amigo, lo llevarían en un chocenave , y tras los pertinentes trámites legales y ceremonias rituales rainas, lo tirarían por el Barranco del Lobo, donde sería pasto de las santas Tus, accediendo así al cielo de los Reinas.
-Descansa en paz amigo- musitó el comandante de la Flota Nueva justo cuando por la ventana de su despacho, el chocenave salía de las instalaciones del fuerte- aclararé tu muerte y machacaré al culpable.