Una cálida voz comenzó a sonar a lo lejos, era en verdad cálida y dulce, como esas voces de blue de los discos antiguos que había coleccionado desde que cobró su primer sueldo… de eso hacía millones de años, pensaba ella aun en el aturdimiento del sueño, la voz siguió con su melodía, ahora más rítmica y con un tono más fuerte, tanto, que la iba sacando de su ensoñación y llevándola a la realidad de su cuarto.
Después de apagar el despertador, se volvió a tirar en magnífica cama que le habían asignado, mirando al techo, como hacía desde que llegó a su destino, hacía tres días, y se sonreía, pues había mandado colocar un espejo allí arriba, sobre la cama, pues era su gran sueño: ver a la pareja de turno durante el acto sexual desde ese punto de vista… su segunda al mando dijo que estaba loca, pero ¡Los sueños es mejor hacerlos realidad niña! Le contestó ella riéndose.
Cogió el mando a distancia del circuito de música de su habitación y tras un estudio meticuloso de todos los grupos de pop y rock de los siglos XX al XXI, decidió seguir apostando por la música del siglo XX, y tras haberse despertado con Presuntos Implicados, eligió la discografía de The Cramberries. Luego se levantó de su magnífica cama sin estrenar sexualmente y se encaminó hacia la puerta de la habitación…
-Buenos días comandante- le saludó militarmente un hombretón de veintidós años, fuerte y guapo al abrir la puerta vestida con su camisón de seda- el desayuno está listo para cuando usted quiera.
Sin prestar atención a las palabras de su mayordomo, enfiló el camino hacia la mesa donde el desayuno le esperaba; más allá de su dormitorio en el salón; tan rico como en los últimos tres años, que era el tiempo que su mayordomo estaba bajo su servicio. Los olores le llegaban desde todos los puntos de la mesa y hacían que ella adorase a aquel muchacho que tanto le hacía vibrar con sus recetas.
Al tiempo que alcanzaba el tazón de la mantequilla para comenzar con tostadas de dicha sustancia, el mayordomo le iba explicando todos los asuntos que traía el día gracias a la agenda digital que portaba, era la rutina que ambos habían fabricado, ella desayunaba a lo salvaje, y él repasaba la agenda de arriba abajo:
Dos minutos más tarde, los paneles de los cinco ventanales que se encontraban frente a ella se deslizaron hacia arriba, mostrando la totalidad de los cristales y la luz de las estrellas penetró en la habitación, mostrando toda la inmensidad del universo; para ese momento, ella había devorado ya siete tostadas y dos vasos de cacao con leche y se disponía a perseguir las uvas que tras coger el racimo donde descansaban, se había amotinado y rodaban por la mesa.
Los ojos de ella se clavaron en él cuando este dijo un nombre de tantos de la lista de nombres destinados a la nave y que iban a llegar ese día, un nombre que le traía grandes recuerdos y que creía olvidados y enterrados…
-Sí mi comandante- dijo el mayordomo muy serio- el alto mando lo ha destinado aquí para ser parte de la expedición.
-Sargento ¿Es que todo el mundo va a ir en esta nave?- dijo alterada y arrojando el racimo de uvas medio devorado al plato de las tostadas, arrojando algunas de ellas al suelo.
-¡Señora por favor, que luego tengo que limpiar!- acertó a chillar el sargento arto y cansado del carácter de su superiora- ¡no es el fin del mundo!
La comandante le miró a los ojos y como siempre se contuvo, volviendo a coger las uvas.
-Además, usted sabe que lo que pasó en aquel meteorito no fue por su culpa, él solo era el ingeniero de la empresa, no el que mandó aquella locura.
-Raul, tienes razón, pero luego en el juicio neutral declaró que mi tropa provocó el accidente.
-Candi Perez Cruz, aquí solo estará destinado como delegado de la empresa minera Axiel, y nada más.
Candi se rió y le miró con una sonrisa burlona, contestándole que como utilizase ese tonito otra vez, lo mandaría a la tierra sin nave ni nada.
-Comandante de la Nave de Expedición 234-wer, termínese el desayuno, vístase y póngase el uniforme de jefa de esta chatarra y deje de comportarse como un chaval de veintidós años- al decir esto, las risas inundaron aquel rincón de la planta de oficiales de dicha nave.
-Bueno, pues nada, como acabas de decir, tengo que dirigir a la primera expedición humana después de la guerra civil- y dicho esto, se dirigió a su dormitorio para acicalarse y colocarse su uniforme de Comandante de la Flota Roja, para después, y junto a su mayordomo, salir de sus estancias rumbo a los muelles de embarque.
-Raul Olivo Hard, sargento del destructor DX- Estambul, prepárese para la ardua tarea de recibir a los locos y locas que están destinados y destinadas a gastarse el dinero de los y las contribuyes y contribuyentas buscando en el espacio exterior no se sabe que…- dijo ella mirándole a la cara con una mueca de disgusto y más estirada que un palo, pero con mucho sentido del humor.
-Lo intentaré, juro que la Flota Roja no tendrá queja alguna de mí- contestó él de la misma forma, y tras decir esto y estallar ambos en una magnífica risotada, el sargento y mayordomo de la Comandante de la Nave de Exploración 234-wer, pulsó el botón de apertura de la puerta del camarote donde se encontraban y se integraron en la marea humana que aquella mañana y las siguientes, recorría las arterías de la nave que uniría a la humanidad otra vez para surcar el universo infinito.
Pero antes, el sargento, quitó la música que su jefa siempre dejaba puesta, tanto en el nuevo destino como en el Estambul.
POSDATA: este texto viene del capítulo "LA MEJOR COMANDANTE DE LAS SEIS FLOTAS... "












4 comentarios:
Una nueva historia? Te acompaño.
besos
No, es la misma, ya en la nave de exploración...
Noa, del Taller Literario del Face.
Es una historia con muchísimos ingredientes que la hacen más que interesante Juan, te felicito!!!
Noa, gracias por leerme
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