
La mosca volaba alrededor del punto de atención de toda aquella sala y del resto del planeta, hasta que se posó sobre él. Una vez posada sobre el televisor, bajó por la pantalla rápidamente, esquivando una mano enemiga y haciéndose otra vez a volar.
La lámpara que colgaba en el centro de la sala y que ahora estaba apagada pues era primera hora de la mañana, fue su última parada en aquel aciago día para ella, pues al segundo fue parada por la lengua pegajosa de uno de los televidentes.
-Eres un tío asqueroso – protestó la chavala que estaba junto al de la lengua.
-Es que están muy ricas – se defendió este poniendo pose de “yo no fui”.
-Las moscas salvajes son asquerosas…
-¡Callarse ya! – Rugió otro muy concentrado en la pantalla – no dejáis escuchar nada.
-A la orden mi sargento– contestaron los dos riéndose a la par, luego, se volvieron a concentrar en lo que la televisión pública estaba emitiendo.
Las cámaras de televisión enseñaban la plaza de la capital del planeta, adornada como en las grandes ocasiones, abarrotada de gente expectante, tanto o más como los que estaban mirando el acontecimiento por televisión.
Delante del palacio de la presidencia, habían montado un tablado, una tarima donde se encontraba el actual gobierno mundial, el alcalde de la ciudad, sus consejeros y varios científicos reconocidos por toda la sociedad; estos estaban relacionados con la ciencia y la biología. Pero lo que todo el mundo observaba y miraba era al alienígena que se encontraba al lado del presidente mundial.
Vestía el uniforme de gala del ejército de emergencia y no dejaba de sonreír, lo que inquietaba a muchos, dado que su cara rara, no era bien recibida. La cantidad de pelo sobre su cabeza y pestañas, sus ojos encerrados en su cráneo y separados por una nariz protuberante, echaban a muchos atrás… Él se había autodenominado homo sapiens y decía en todas las entrevistas que era de un lugar llamado Flota Roja; que su especie vagaba en naves por el espacio buscando vida inteligente, pero que él había llegado al planeta por error.
-¡Lo han ascendido a capitán!- exclamo el que se había comido la mosca.
-Roc, no te sorprendas- le respondió la chica que le amonestó- es un ser de otro mundo con muchos conocimientos.
-Sloc – respondió Roc– no me sorprendo, al contrario, me parece muy poco.
-Bueno chicos– dijo el que mandó a callar antes– ya lo conoceremos cuando lo destinen aquí.
-Mi sargento– hablo Roc– ¿Cree usted que el humano tiene buenas intenciones?
Los seis militares restantes, que se encontraban en la sala también viendo la tele, dirigieron sus miradas al sargento.
-Solo espero que el alienígena nos deje tomar nuestras cervecitas tranquilos.
Una carcajada general se apodero del salón de actos del cuartel general del cuerpo de emergencia.
-Espero que reptiles y humanos nos podamos entender – suspiro Sloc.
-Hija– rio el sargento– no creo que será dificil– se metió una babosa, en la boca y sentenció – solo hay un humano como el en toda la galaxia…
El comentario volvió a hacer reír a los ocupantes del salón que ya más relajados y una vez terminado el discurso del alienígena, se acercaron a la mesa donde se disponían los ágapes para esa mañana, que con motivo de la presentación del alienígena se había declarado festiva.
Jhon Star estaba muy nervioso, al fin se había presentado al planeta de los reptiles y todo había salido bien. Desde que una nave chocara en el planeta, hacía ya un año, se había integrado en una sociedad avanzada de reptiles que desde el primer minuto le había tratado como a uno más.
Al fin pudo desconectar e integrarse en la fiesta que tras la ceremonia en la plaza, se celebró en uno de los salones del enorme ayuntamiento… Ese mundo sería su hogar hasta que sus congéneres le encontraran.
POSDATA: Este capítulo es continuación de Ataque al meteorito...
Primer capítulo de la novela: Paul el piloto












0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada